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Ucrónica VI: Ojos de piedra


Somos nuestros pendientes. Sábado por la noche y las piernas casi trémulas, imparables, débiles, se dejan llevar para ir al antro. Tengo mucha hambre. Lástima que doña maura no está a esta hora, si no me zampaba un par de esquites. Está david tan presente con sus caras antiguas y futuras. Todos los nombres están en él: carlos, adrián, adonis, axel, rené. David viene, coge, platica un rato de sus vivencias, de sus reflexiones mediocres sobre la vida y el cine y se va. Mi habitación huele a película pornográfica, a revistas leídas por traileros antes de pasar por algún barrio de putas. A pesar de todo, mis dedos siguen vivos, ávidos, decía ayer cristina pacheco. Las gotas que caen en el techo me pervierten las manos. Las gotas que son las mismas del río –entubado– churubusco. Agua petrificada petrificante. Las gotas son salvación o muerte. Los reos de lecumberri se volvieron locos después de recibir mil tempestades gota por gota. Ya regreso. Los ángeles y jack keroak nos une, tenochtitlan beatneak. My beloved who wills not to love me: / My life which cannot love me: / I seduce both. / She with my round kisses… / (In the smile of my beloved the approbation of the cosmos) / Life is my art… (Shield before death) / Thus without sanction I live. / (What unhappy theodicy!) / One knows not- / One desires- / Which is the sum. No es una obra de beneficencia divina que uno esté más cerca que el otro de mí, de nosotros. En cuetlaxcoapan la lluvia ha cesado. Todavía no escampa pero ya la madera rechina. La gota que cae en el techo no para, no cesa, no abdica. El reino del agua comenzó hace miles de años. El fuego resiste. La espalda se rompe y se astilla el cerebro. Abro los ojos. Todavía siento la caricia de alas de garza en mi pierna. Soñé que estaba viendo la televisión y que un hombre venía a visitarme. Eran sus palabras el silencio del placer que retorció mis nervaduras. Los antros están a reventar. Los cabaretitos y las cantinitas son lugares sagrados, ahí te miro bailar frente a la tarde de salitre y piedra armada de navajas invisibles… escribes en mi piel… busco el agua y en tus ojos no hay agua, son de piedra.


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