Sábado, 29 de junio
La cartera arrancó como alma que lleva el diablo y vi los cuartos traseros de su furgón amarillo desaparecer al fondo del sendero. Me abalancé sobre el buzón. Más que una mujera abriendo una gaveta desvencijada parecía un presbiterio medieval ungiéndole la frente a una mariposa enferma.
¿Puede una carta ser un cofre?, pensé. ¿Puede una carta ser un arrecife de coral tallado, con su sirena incorrupta, con su bancal de llaves de hierro dulce y su gaelón encallado rumbo a la Hérbridas? No supe que decir. Cerré los ojos y extraje el sobre. <
Podría haberme dado tiempo a reconocer tu estilo, tu manera única de empezar las cartas por el finaly acabar preguntándome como estoy y estampando encima un beso pringoso de fettucini al pesto. Pero nada de eso sucedió. Primero un viento cálido me recorió la cara y enseguida el mundo se borró. Nuncá sabré si me mareé o si un agujero de gusano decidió secuestrarme por unas horas y trasladarme contigo a una isla perdida dentro de una isla perida en los límites de esta pajarera incompresnible del espacio-tiempo.
¿Estaba loca o muerta? ¿Me había convertido en un gorrión? El caso es que, durante un tiempo sin tiempo, picoteé con absoluta aplicación las migajas de tu boca. Había restos de palabras que me herían el pico, motitas minúsculas de helado de vainilla, un sorbito tímido de champan muy seco, una molécula peridida de tu pelota antiestrés, y luego una carta indigerible de sabores que me recordó los catálogos de las casas de pinturas. Dejé de tener pico y en su lugar brotó un cráter y en su lugar un fogón donde ardían cartas de amante olivdados y en su lugar una llaga sanguinolenta. ¿Me dejarás que sea sincera, amor? Soy tan estúpida... y todos mis libros de filosofía no han conseguido que mi noción del amor sea más elaborada o más compleja que la de un simple bolero. ASí que mientras cantaba esta tontería abrusrda de que nuestras almas se acercaron tanto así, me iba muerindo a tragos, igual que una paloma en un alféizar. Que yo guardo tu sabor cantaba yo con mi carita de pájaro atravesado por las lágrimas, pero tu llevas también sabor a mi.
Pero no lo encontré. REpito. Pero no lo encontré.
¿Puede una carta ser un fusil de repetición? ¿Y un puñal de siete filos? ¿Y una horca y mi cuello el de una gata para poder morir siete veces estrangulada?
Cuando recuperé la conciencia tenía ante mi un sobre de una notaria de Nueva York. 41, Dragon street, NW1. Dentro había un poder notarial que me concedía poderes para alquilar o vender la casa con todos sus enseres. REconocí tu perspicacia en algunas frases, pero creeme que no merece la pena entrar en detalles. Sin ir más lejos, también me dabas permiso para comérmela.
Ahora se que soy una tipa extraña. Porque puedo comerme la casa, igual que en un cuento infantil, aun despues de haberme muerto. ¿No es este un hecho extraordinario, amor? A tiq ue te gustan los hechos extraordinarios, ¿No te parec un fenómeno digno de aparecer publicado en el diario local, concretamente en la página de sucesos?
(Del libro: Instrucciones para olvidar. Inés Marful)







2 comentarios:
La novela es sencillamente fascinante.
si, realmente es una novela que incluye muchos aspectos de las vidas amorosas y de los desamores, gracias por leernos.
:)
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